Actualmente, las
personas se vinculan o aprecian de mejor manera con aquellas organizaciones que
irradian consistencia y coherencia entre lo que prometen y lo que hacen (quienes la
conforman). Esto es valorado tanto por los clientes internos como externos de
la organización.
Por medio de la
coherencia podemos potenciar la credibilidad de una organización por parte del
público externo (clientes, proveedores, competencia, Estado, medios de
comunicación, entre oros), pero a su vez nos permite generar un mayor grado de
apropiación del proyecto de quienes trabajan en el.
Todos estamos dispuestos
a jugarnos mucho más por algo en lo que creemos y que a su vez proyecta confianza,
esto genera en las personas un mayor compromiso
Cuando las
organizaciones son coherentes entre lo que dicen y hacen, generan las bases
para relaciones de confianza de largo plazo, de lealtad y respeto y por sobre
todo el poder cumplir con los objetivos trazados. Cuando no somos
capaces de ello y solo nos maquillamos un poco diciendo que
somos de una manera pero actuamos de otra forma, lo más seguro es que en el
corto plazo reluzca la verdad y perdamos credibilidad.
El mercado y por sobre
todo los clientes no solo quieren recibir un producto (bien o servicio) que
satisfaga una necesidad determinada, sino que supervigilan el
cumplimiento de las PROMESAS de VALOR. Debemos ser consistentes y coherentes
entre lo que decimos y la forma en la que actuamos.
No podemos ser coherentes
si tenemos un discurso en donde decimos que las personas son lo más importante
para nuestra organización, cuando en realidad tenemos pésimas condiciones
laborales, no generamos climas adecuados de trabajo, cuando subestimamos a
nuestros colaboradores, entre otras cosas. No seremos coherentes si decimos que
el medio ambiente es lo más importante y debemos cuidar, cuando nuestros
desechos químicos los desechamos en aguas limpias que riegan plantaciones y
permiten la supervivencia de animales y regiones. No debemos ser como dicen por ahí:
Padre Gatica, quien predica pero no practica.
El discurso de la organización
siempre debe ir acompañado de la Pasión para poder cumplirlo y de una conducta
concreta que apunte hacia ello. No basta con tener o
declarar valores o decir que tenemos buenas prácticas, esos
valores y buenas prácticas deben ir acompañados de acciones concretas
(coherentes).
La consistencia y coherencia
nos permite mejorar la imagen que proyecta la organización, aumenta sus fortalezas, genera espíritu de equipo, genera mayor compromiso y responsabilidad.
Ahora bien, ¿quién es responsable de
la coherencia?, ¿el jefe, el gerente, el directorio o el líder?....., la verdad
TODOS quienes somos parte de la organización tenemos la responsabilidad de ello, todos
desarrollamos acciones que dan o no coherencia y consistencia. Desde quien
recibe al cliente en la puerta, hasta quien le entrega el producto, es decir,
es un trabajo del EQUIPO de COLABORADORES con el compromiso de la máxima
dirección.
Nunca debemos olvidar
que las organizaciones están conformadas por personas y la coherencia depende
de ellas, la acción nos corresponde a cada uno de quienes la conformamos.
1 comentario:
¿Es "lo cultural" la causa de esta incoherencia en el trabajo o en los compromisos asumidos?
Llegar atrasado es cultural, no cumplir en los plazos establecidos es cultural, el paternalismo (esperar todo hecho y resuelto del papá, del jefe, del dueño, del gobierno, del que nos convenga esperar) es cultural.... son frases que muchas veces escuchamos y asumimos en tono de broma, de chiste, como justificándonos en nuestro accionar y proceder.
Pero entonces que cultura es ésta que vive y celebra el hecho de siempre postergar lo esencial y primordial, para dar paso a lo fútil y banal, a lo que no aporta valor. ¿Por qué entonces otros países, muy bien llamados "desarrollados" incorporan e involucran de tal manera a sus colaboradores, que hacen una sinergia in-creíble en beneficio de ellos mismos?
Si nuestras incoherencias son culturales (queriendo justificar a propósito la no-coherencia), ¿cómo involucramos y nos involucramos en este proceso de cambio cultural, necesario y urgente, dados los hechos en las empresas latinoamericanas, para ser coherentes con lo que decimos y con lo que hacemos (muchas veces hacemos lo que hacemos sólo por aparentar)?
¿A qué motivación intrínseca -incentivo- tenemos que apelar o acudir, para que realmente se de este cambio en nosotros mismos? Si muchas veces ni con el buen ejemplo, ni con la mala experiencia vivida, aprendemos.
Acudamos entonces a los valores. A éste cambio cultural que se debe dar en cada uno de nosotros, en las empresas, respecto del trabajo bien hecho, debemos agregar ciertos valores que sustentan en lo íntimo de nuestro ser, el deseo de ser mejores: la humildad, la empatía, la obediencia respetuosa (que no es pasiva sino crítica, pero que reconoce cuando el otro sabe más y puede aportar más en nuestro proceso, en el proceso). Sin contar con la responsabilidad, la puntualidad, y la perseverancia; que serían, consecuencia de las anteriores, esto sin tomar como base ninguna teoría ética, sino la experiencia adquirida en los pocos años de trabajo.
Si aun así todavía no podemos, puesto que de nosotros mismos no tomamos los buenos ejemplos, contemplemos entonces al burro (al animal), al que muchas veces entre nosotros (los otros animales), lo hemos tomado peyorativamente como el que no entiende o hace mal las cosas. Resulta ser, que este asno, es un perseverante, terco empedernido en su trabajo. Traigamos a nuestra memoria la imagen del burro dando vueltas alrededor de la noria, sacando agua del pozo, para uso y consumo de muchos. Lo que este jumento hace, lo hace bien, siempre.
Alguien dijo que un viaje de mil kilómetros empieza con un simple y solo paso. Demos este paso.
Alex Inturias
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