"¿Y aquí cómo es?"
Cómo se trabaja en tu organización, cómo te sientes cuando vas a trabajar. Vas simplemente a cumplir tu horario para conseguir tu paga mensual, eres uno más del montón o te sientes un esclavo de tu jefe y añoras la hora de salida para liberarte y descansar..... O estas en una institución en donde existen grandes desafíos y puedes ser parte de ellos, te siente un integrante más del equipo y con una trato justo y digno; puedes decir que con tu jefe desarrollan proyecto en conjuntos y que éste se transforma en un verdadero líder.
Pues bien, comparto una lectura que te ayudara a visualizar en que tipo de organización trabajas y por ende entender cual puede ser tu rol en ella.
"Mucho mejor retar cosas poderosas, ganar triunfos gloriosos, a pesar de que estén acompañados de derrotas, que alinearse con espíritus pobres, que ni disfrutan ni sufren mucho porque viven en el crepúsculo gris que no conoce victoria ni derrota. La dicha de vivir pertenece a aquél que tiene el corazón para exigirla." Esta cita de Theodore Rossevelt ayuda a comprender el origen de la proactividad y la ambición de un equipo ganador.
"¡Aquí me siento humano!" Parece simplista, pero ¿cuántas personas pierden su entusiasmo por servir al cliente interno y externo al no sentirse respetadas, valoradas, tomadas en cuenta, ni tratadas con equidad? La dignidad genera sentido de pertenencia, paso vital para alinear anhelos individuales con propósitos organizacionales. Así se marca la diferencia entre quienes son protagonistas aspirando triunfos significativos y los simples observadores alienados de lo que acontece en la empresa.
"¡Aquí soy retado!" Con pertenencia y alineamiento los miembros son proclives a alcanzar resultados superiores. Lo bueno jamás es suficiente, dada su pasión por enfrentar retos con excelencia. El miedo a intentar lo máximo no existe, pues hasta el líder incita al atrevimiento, a llegar lejos, a "hacer historia". Fallar es sinónimo de aprendizaje y, como dice Willy Jollie, los contratiempos son parte de la ecuación del éxito: "La adversidad crea retos, los retos llevan a los cambios y los cambios son absolutamente necesarios para el crecimiento."
"¡Aquí mi jefe es casi mi subalterno!" Quien está al servicio de otros se conoce como subalterno, y el mejor líder es el mejor subalterno o servidor de su equipo. Cuando el jefe se baja del pedestal (o nunca se sube a él) y agrega su hombro, deja de ser jefe para convertirse en líder. No se trata de que haga lo mismo que el resto, sino que esté allí, presente, presionando por las metas, sumando y siendo ejemplo de entrega, humor, confianza y humildad. ¡Mística de servicio!
"¡Aquí éxito es ser!" Las organizaciones se nutren de superar metas. No obstante, alcanzar resultados visibles o cuantitativos depende cada vez más de lo invisible: autenticidad al vivir los valores, trascender y crecer junto a compañeros exigentes pero que son, esencialmente, buenas personas con espíritu solidario. Es notorio también el profundo compromiso hacia los clientes de la empresa, si sus miembros laboran en condiciones congruentes con la alta calidad de vida familiar; cuando llevan a su hogar algo más que el sustento económico: educación, salud mental, estabilidad emocional y espíritu ganador. Así, con mejores familias habrá mejores empresas, pero lo inverso también es cierto.
¿Posee su organización estas cuatro bases para aspirar a lo que Rossevelt califica como triunfos gloriosos?
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Este es un blog que busca informar a las personas de temas referidos a Educación y Negocios, Emprendimiento y noticias de índole Económico.
lunes, 23 de abril de 2012
martes, 3 de abril de 2012
¿En manos de trastornados?
Comparto con usedes el siguiente texto, el cual habla de los sentimientos y su relación con el ambiente de trabajo en las empresas.
"Si me permito sentir preocupación, miedo o tristeza, me sentiré agitado e infeliz y la atmósfera alrededor mío se alimentará de sentimientos similares. ¿Cómo puede eso ayudarme a mí o a los demás?" Esta afirmación de Dadi Janki ayuda a comprender cómo las personas construyen o no, un ambiente de trabajo saludable ante esas tres emociones.
Las preocupaciones trastornan estados de ánimo porque atrapan a las personas en situaciones pasadas no superadas, o en ansiedades sobre el futuro. Se originan en la incertidumbre o el negativismo sobre lo que puede ocurrir y en la creencia de ser débiles para superar las adversidades. La rigidez de pensamiento crea una sensación de peligro, cuando frente a exigencias de cambio se reacciona con indiferencia, agresión hacia los transformadores o evasión de la realidad que incomoda. La preocupación inunda la mente, perturba las relaciones, resta serenidad para discernir y es contagiosa.
El miedo, por su parte, nace en la falta de entendimiento o aceptación hacia un hecho real o imaginario. Quien teme a los demás se teme a sí mismo, pues se conoce poco y duda de su capacidad, ecuanimidad o fortaleza. De lo contrario, ¿por qué temer? Observe a alguien de muy mal carácter, ¿verdad que parece estar enemistado con él mismo porque ni siquiera se acepta¡ O sea, se tiene miedo. El temor conduce a la agresividad como autoprotección, drenando energía, paz interior y confianza. En exceso, este sentimiento convierte a alguien en un peligro para sí mismo y para los demás.
Pese a la inestabilidad que causa la tristeza, algunos son adictos a ella. Proviene de la incomprensión de situaciones externas, por ejemplo la decepción por la actuación de otros hacia nuestra persona. Entre más débiles son los valores, la inteligencia emocional y la autoestima, más vulnerable se es a la influencia exterior. La arrogancia y el ego abultado despiertan la susceptibilidad ante las acciones recibidas de los demás. Si éstas no nos agradan, nos causan tristeza; pero entonces, seamos sensatos: ¿Quién da el primer paso para dejar el terreno fértil a ese sentimiento de melancolía? El dolor humano es natural, pero el desasosiego crónico trastorna la felicidad propia y la del equipo de trabajo.
No existe un solo ser humano que no padezca estos tres sentimientos. Todos los días se presentan situaciones que los estimulan. La gran tarea es preparar la mente para responder con fortaleza. La estabilidad, la ecuanimidad y el buen discernimiento ante esas realidades externas crecerán en la medida en que pongamos más atención a nuestra realidad interior. El autocontrol facilita el control ilimitado de la libertad y de responsabilidad de forjar una mente en paz. Aumentar los minutos de reflexión sobre nuestras emociones, tomar conciencia y observar cómo pensamos son buenos pasos para alcanzar la disciplina de regir nuestro destino. Así podremos evadir caer en manos de nuestros propios trastornos.
"Si me permito sentir preocupación, miedo o tristeza, me sentiré agitado e infeliz y la atmósfera alrededor mío se alimentará de sentimientos similares. ¿Cómo puede eso ayudarme a mí o a los demás?" Esta afirmación de Dadi Janki ayuda a comprender cómo las personas construyen o no, un ambiente de trabajo saludable ante esas tres emociones.
Las preocupaciones trastornan estados de ánimo porque atrapan a las personas en situaciones pasadas no superadas, o en ansiedades sobre el futuro. Se originan en la incertidumbre o el negativismo sobre lo que puede ocurrir y en la creencia de ser débiles para superar las adversidades. La rigidez de pensamiento crea una sensación de peligro, cuando frente a exigencias de cambio se reacciona con indiferencia, agresión hacia los transformadores o evasión de la realidad que incomoda. La preocupación inunda la mente, perturba las relaciones, resta serenidad para discernir y es contagiosa.
El miedo, por su parte, nace en la falta de entendimiento o aceptación hacia un hecho real o imaginario. Quien teme a los demás se teme a sí mismo, pues se conoce poco y duda de su capacidad, ecuanimidad o fortaleza. De lo contrario, ¿por qué temer? Observe a alguien de muy mal carácter, ¿verdad que parece estar enemistado con él mismo porque ni siquiera se acepta¡ O sea, se tiene miedo. El temor conduce a la agresividad como autoprotección, drenando energía, paz interior y confianza. En exceso, este sentimiento convierte a alguien en un peligro para sí mismo y para los demás.
Pese a la inestabilidad que causa la tristeza, algunos son adictos a ella. Proviene de la incomprensión de situaciones externas, por ejemplo la decepción por la actuación de otros hacia nuestra persona. Entre más débiles son los valores, la inteligencia emocional y la autoestima, más vulnerable se es a la influencia exterior. La arrogancia y el ego abultado despiertan la susceptibilidad ante las acciones recibidas de los demás. Si éstas no nos agradan, nos causan tristeza; pero entonces, seamos sensatos: ¿Quién da el primer paso para dejar el terreno fértil a ese sentimiento de melancolía? El dolor humano es natural, pero el desasosiego crónico trastorna la felicidad propia y la del equipo de trabajo.
No existe un solo ser humano que no padezca estos tres sentimientos. Todos los días se presentan situaciones que los estimulan. La gran tarea es preparar la mente para responder con fortaleza. La estabilidad, la ecuanimidad y el buen discernimiento ante esas realidades externas crecerán en la medida en que pongamos más atención a nuestra realidad interior. El autocontrol facilita el control ilimitado de la libertad y de responsabilidad de forjar una mente en paz. Aumentar los minutos de reflexión sobre nuestras emociones, tomar conciencia y observar cómo pensamos son buenos pasos para alcanzar la disciplina de regir nuestro destino. Así podremos evadir caer en manos de nuestros propios trastornos.
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