comparto una lectura que llega desde INCAE.
"Nuestro ánimo se
inclina a confiar en aquellos que no conocemos, por una razón: todavía no nos
han traicionado", decía el escritor inglés Samuel Johnson. Los equipos
elevan la calidad de sus resultados si sus líderes e integrantes cumplen la
palabra dada y el compromiso adquirido. Si esta credibilidad mutua es una ética
innegociable, entonces el respeto, la honorabilidad y la transparencia
conducirán las relaciones internas a muy buen puerto.
Asumamos que toda
relación inicia con puntuación cero. Así, cada gesto suma o resta. Los acuerdos
definidos en conjunto, son una manifestación explícita del deseo de sumar
confianza en que habrá fuerza moral de las partes para cumplir. Sería patético
lidiar en un equipo con personas que desconfían entre ellas desde el inicio,
muestra inequívoca de que no creen ni en sus propias promesas. Su debilidad es
tan grande que no habrá mampara que les esconda, pues el descalabro en
resultados será su única cosecha en el momento que más les dolerá.
Confiar en el
cumplimiento de lo convenido genera seguridad y nutre el liderazgo de quien es
congruente entre sus palabras y acciones. Esta consistencia germina metas
crecientes y mística de trabajo, porque la confianza suma en esos dos campos.
En cambio, quien dice una mentira para encubrir un incumplimiento, tendrá que
inventar otras veinte para intentar sostenerla, como afirma el conocido refrán.
Jugar limpio es rentable, por eso las personas inteligentes y creíbles no se
complican en marañas de falsedades para conservar sus posiciones y más bien,
reconocen con humildad sus errores y los rectifican.
¿Qué tiene de malo
aceptar una equivocación y corregirla a tiempo? ¿Para qué dañar la reputación
propia y ajena, las relaciones, al equipo y hasta la conciencia persistiendo en
la ilusión de la inocencia de daños causados a otros? "Cuando un
hombre estúpido hace algo que le avergüenza, siempre dice que cumple con su
deber", sentencia George Bernard Shaw.
En un verdadero equipo,
la rendición de cuentas abarca a todos, incluyendo líderes. Nadie escapa a sus
responsabilidades, ni evade honrar sus obligaciones. Solo así se escriben las
leyendas de empresas y personas que superan sus propias historias. Actuar con
la verdad sobre la mesa incluye ser realistas sobre limitaciones de recursos,
necesidades de ayuda, alianzas que potencializan y actitudes que deben dejarse
atrás para avanzar.
Cuando las personas
creíbles dicen sí significa sí y si dicen no, significa no, sin tregua al
titubeo ni al disimulo de la realidad. Son tan sinceras que no temen expresarse
en contra de las convicciones de quien les escucha. Prefieren discrepar con
valor que comprometer su palabra en algo que contradiga su integridad.
Estas personas jamás esquivan la expresión directa, honesta y adecuada de sus decisiones, por contradictorias que éstas sean. No necesitan esconderse porque son leales a sus principios y valientes para expresar lo que les dicta su conciencia. En un modo fuerte, lo afirma así Napoleón Bonaparte: "Las personas que debemos temer no son las que no están de acuerdo con nosotros, sino las que no están de acuerdo y son demasiado cobardes para darlo a entender."
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