jueves, 18 de abril de 2013

Rol de las Instituciones en Educación Superior

Las universidades hoy en día juegan nuevos e importantes roles, en los ámbitos académicos, económicos y sociales. Podemos identificar tres roles fundamentales de las universidades en la nueva economía del conocimiento.

Formación de Capital Humano Avanzado: permite que las organizaciones puedan competir en los mercados globales y que el país incremente su potencial de crecimiento, logrando a la vez reducir los niveles de desigualdad y promoviendo un desarrollo territorial sustentado en el conocimiento de su población. Promueve el desarrollo de nuevos procesos y tecnologías.
Creación de Conocimiento Avanzado: la expansión del conocimiento asociada a la investigación y el desarrollo permiten la innovación en nuevos productos y tecnologías, logrando una alta rentabilidad privada y social. Permite mejorar la productividad individual y grupal.
Contribución a la equidad y desarrollo territorial: La educación superior constituye una fuente de movilidad social con una rentabilidad privada atractiva para las personas. Para las personas el conocimiento es una fuente de creación de valor y de generación de ventaja competitiva para su futura empleabilidad. Permite formar ciudadanos idóneos, líderes sociales y políticos con conductas éticas, disminuir el gasto en asistencia pública y generar un mayor desarrollo personal y profesional.

Para que lo anterior sea efectivo, las universidades deben velar para que esto se cumpla en un contexto de calidad y pertinencia. Calidad en el sentido de asegurar la idoneidad de la provisión de los servicios académicos y garantizar el valor público de los títulos y grados otorgados. Pertinencia en el sentido de responder permanentemente a los cambios y requerimientos del mercado y de la sociedad.

A su vez, las Instituciones de Educación Superior (IES) deben velar para que sus estudiantes finalicen sus estudios y se inserten en el mundo del trabajo. Estadísticas a nivel sudamericano muestran que entre un 15% y 25% de los estudiantes que ingresan en una cohorte (inicio de matrícula) se titulan, lo cual refleja la alta deserción o abandono que hacen los estudiantes de sus estudios profesionales.

A continuación se presentan las razones más frecuentes de deserción en países latinoamericanos:
  • Preparación deficiente al ingresar a la universidad
  • Madurez emocional
  • Elección apresurada de la carrera
  • Falta de integración o adaptación a la vida universitaria
  • Falta de recursos para financiar los estudios universitarios
  • Expectativas desalentadoras al graduarse
  • Procesos de admisión y orientación vocacional deficientes
  • Aspectos institucionales y pedagógicos
  • Motivos personales y/o familiares
  • Duración de la carrera
Un dato interesante que revelan varias de las investigaciones, es que a menor nivel educativo de los padres, existe una mayor probabilidad de que los hijos abandonen los estudios. Esto es natural, si se considera que los padres con bajo nivel educativo, ejercen normalmente poca influencia sobre sus hijos, para que estos finalicen sus estudios superiores.
La deserción es un fenómeno que requiere de atención urgente, no sólo por el incremento registrado durante las últimas décadas, sino por las grandes implicaciones que tiene en el ámbito:
Personal. Provoca frustración en el estudiante (baja autoestima, depresión). Representa un costo económico para él y su familia. Le genera dificultades en la inserción al mercado profesional.

Social. Aumento de subempleo. Falta de aporte intelectual para su comunidad o país.

Institucional. Representa un costo elevado para las universidades. Revela indicadores bajos de eficiencia institucional.

Como Universidad para el Desarrollo y la Innovación (UDI) estamos conscientes de esta realidad y por lo mismo generamos estrategias y programas que permitan a nuestros estudiantes lograr su titulación, insertarse laboralmente y lograr un retorno sobre la inversión en estudios que han llevado a cabo ellos y sus familias.

En consecuencia, hemos implementado en Santa Cruz y Bolivia un Modelo de Formación por Competencias Laborales, lo cual implica que todo levantamiento de nuevas carreras o planes de estudio lo hacemos desde la industria y las empresas, es decir, identificamos cuales son las competencias que deben lograr los futuros profesionales para desempeñarse de manera eficiente en un puesto de trabajo determinado.

Trabajamos fuertemente con carreras a nivel técnico o lo que también se conoce como Formación Vocacional. Este tipo de formación tiene como objetivo el que los estudiantes cursen programas de una menor duración que las carreras universitarias, más focalizadas en el hacer, de mayor empleabilidad y buenos niveles de renta (acorde a la industria). Sus carreras en promedio duran la mitad o un poco más que una carrera universitaria y su arancel es menor. Debemos sumar a ello que la tasa de empleabilidad es similar, e incluso en algunos casos mayor a las de las carreras universitarias; sin embargo, la remuneración percibida en promedio es un poco menor –en algunos casos– que el de una carrera a nivel de licenciatura. Se tiene entonces que el retorno sobre la inversión de estas carreras es mucho mayor que el de las carreras universitarias.

Ponemos el acento en las salidas intermedias, que permiten a nuestros estudiantes la alta probabilidad de lograr titulaciones a nivel técnico, insertándolos al mundo del trabajo con sólidas herramientas, y mejorando su movilidad laboral y social. Esta iniciativa permite también aumentar las tasas de titulación de las IES y lograr una disminución de la deserción en educación superior.

Finalmente, debemos considerar que la cobertura en educación superior va en aumento, lo cual implica que los nuevos estudiantes provendrán, en su mayoría, de familias de recursos económicos más limitados, por lo que el Estado y las IES deberán hacer grandes esfuerzos para otorgar financiamiento y becas, de lo contrario, se puede detener el crecimiento en la matrícula.

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